La lucha antipatriarcal desde la condición de privilegio

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Esther Pineda G
estherpinedag@gmail.com

Como bien sabemos, las tramas relacionales en torno a las cuales se ha organizado nuestra sociedad, se fundamentan en el antagonismo, la diferencia, la disparidad, pero fundamentalmente en la otredad, en la cual se define arbitrariamente un “otro/a”, enemigo a soslayar.

Entre estas formas antagónicas de relacionarse podemos visibilizar elementos como el sexo, la clase, la etnicidad, la racialidad, la preferencia sexo-afectiva, las diversas formas de discapacidad o necesidades especiales, entre otras. No obstante, afirmar que, estos condicionamientos biológicamente impuestos definen de manera ineludible, incuestionable e inmodificable nuestras concepciones ante el mundo, se presenta como una perspectiva reductiva, biologicista y determinista como aquellas afirmaciones que contribuyeron a legitimar las diversas formas de discriminación y exclusión social a lo largo del proceso histórico.

Supone este hecho además, una negación a la idea de transformación social y la capacidad del sujeto de superar los condicionamiento impuestos por la naturaleza y el aparato ideológico de la sociedad.

Pudiéramos afirmar que efectivamente los hombres no pueden ser legítimamente partícipes de los procesos en pro de la igualdad y equidad de género al detentar el privilegio de la masculinidad arbitrariamente otorgado por el aparato ideológico de un sistema social patriarcal. Pero, con ello, estaríamos invalidando hechos sociales reales como la capacidad de empatía, afinidad e identificación que se desarrolla entre las personas en las múltiples situaciones y escenarios, al mismo tiempo que invisibilizaríamos la también situación de constricción y cuestionamiento de los hombres en un modelo que les exige el ejercicio de una masculinidad prefabricada y dirigida, limitando e impidiendo su libre desarrollo, definición autónoma de su masculinidad, así como el establecimiento de roles y marcos relacionales desde sus intereses y experiencias concretas.

Afirmar la incapacidad de los hombres de luchar contra el patriarcado, por la condición de privilegio que arbitrariamente se les ha atribuido, supone la reproducción del esquema interpretativo patriarcal de la diferencia y la desigualdad, además de desestimar la también contribución de los hombres –si bien limitada- a lo largo del proceso histórico social al proceso de desarticulación de la dominación patriarcal.

Podemos afirmar lo mismo respecto a la condición de racialidad y preferencia sexo afectiva, si bien es de nuestro conocimiento que el feminismo tradicional se ha caracterizado por obviar y desestimar la situación de exclusión y subordinación de las mujeres proletarias, negras y afrodescendientes, indígenas, sexo diversas, con discapacidad y/o necesidades especiales, no occidentales, entre otras, y se ha limitado a criticar, demandar y promover solo aquellas situaciones que le afectan en el contexto de su pertenencia de clase, raza y preferencia sexo afectiva, no significa ello que, no puedan existir feministas blancas antirracistas, feministas sexo diversas anticlasistas, feministas proletarias antirracistas, feministas negras o afrodescendientes antiheterosexistas, entre las múltiples formas y variables que adopta la iterseccionalidad de sexo, raza, clase, preferencia sexo afectiva, entre otras.

Ahora bien, no podemos negar que los intentos de incorporación e inclusión de todas estas variantes, intereses y necesidades en un feminismo universal ha contribuido a la invisibilización de experiencias y luchas especificas y concretas, no obstante, la afirmación de la incapacidad de lucha por la condición de privilegio contribuye aún más a la fragmentación del feminismo y todas y cada una de las luchas particulares, condenándolas a la intrascendencia.

La concepción que promueve la fragmentación del feminismo y la exaltación de luchas particulares, supone el rechazo al enfoque transversal así como la invisibilización de los procesos interactivos de los distintos en torno a las diferencias.

Esther Pineda G Consultora de Género y Equidad

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La empresa:
Esther Pineda G Consultora de Género y Equidad, es una empresa orientada a brindar apoyo especializado, desde una perspectiva multidisciplinaria a las instituciones públicas y privadas nacionales e internacionales, en la generación de estrategias para la incorporación y transversalización de la perspectiva de género y gestión de la diversidad.

Su fundadora:
Esther Pineda G, Socióloga, Magister Scientiarum en Estudios de la Mujer, Doctoranda en Ciencias Sociales por la Universidad Central de Venezuela, cuenta con una amplia trayectoria en el área de género y equidad en la cual se ha especializado como investigadora, conferencista y escritora.

Autora de los libros:

Roles de género y sexismo en seis discursos sobre la familia nuclear. Acercándonos Ediciones, Buenos Aires (2011)

Reflexiones sobre Teoría Sociológica Clásica. Editorial Académica Española, Saarbrücken (2011)

Apuntes sobre el amor, Acercándonos Ediciones, Buenos Aires (2013)

Las mujeres en los dibujos animados de la televisión, Con Ética Editorial, Madrid (2013)

Racismo, Endorracismo y Resistencia, Editorial El Perro y La Rana, Caracas (2014)


Método de trabajo:

Esther Pineda G Consultora de Género y Equidad incorpora metodologías de carácter cualitativo, cuantitativo y documental, además de definir los contenidos, duración y estrategias de abordaje de manera individualizada de acuerdo a las necesidades y objetivos de cada una de las acciones, así como al grupo y organización al que va dirigido.

Servicios:

Asesoría desde la perspectiva de género y equidad

• Diagnósticos institucionales

• Incorporación de la perspectiva de género en prácticas empresariales y gubernamentales

• Diseño y formulación de planes, políticas y programas

Investigación en materia de género y equidad

• Diseño y desarrollo de proyectos de investigación

• Estudios de opinión y mercado

•Informes, manuales, guías y materiales didácticos

Formación y capacitación en género y equidad

• Diseño y dictado de programas de formación, capacitación y sensibilización

• Diseño de campañas de prevención, sensibilización y divulgación


Contacto:

Correo electrónico: epgconsultora@gmail.com

Teléfono: 58+ 416 217 52 45

Facebook: epgconsultora

Twitter: @epgconsultora

Web: http://www.epgconsultora.com.ve

EPGCONSULTORA SERVICIOS

Esther Pineda Recibe Premio Limaclara Internacional de Ensayo 2014

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PREMIO LIMACLARA ESTHER PINEDA

“Violencia Estética. Una nueva forma de Violencia contra la Mujer”, es el ensayo de Esther Pineda G preseleccionado y evaluado por EL JURADO INTERNACIONAL, integrado por el Prof. Dr. Lorenzo Álvarez de Toledo Quintana (España), la Prof. Lic. Stefanía Piras (Italia), el Prof. Dr. Edwin Cruz Rodríguez (Colombia), y el Prof. Dr. Héctor Manuel Quiroga (Argentina), al cual se le otorgó el PREMIO LIMACLARA INTERNACIONAL DE ENSAYO -2014, Buenos Aires, Argentina.

http://limaclara-ediciones.com/wp-content/uploads/downloads/2014/03/GALARDONADOS-2014-ENSAYO-.pdf

Esther Pineda G Consultora de Género y Equidad

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La empresa:
Esther Pineda G Consultora de Género y Equidad, es una empresa orientada a brindar apoyo especializado, desde una perspectiva multidisciplinaria a las instituciones públicas y privadas nacionales e internacionales, en la generación de estrategias para la incorporación y transversalización de la perspectiva de género y gestión de la diversidad.

Método de trabajo:
Esther Pineda G Consultora de Género y Equidad incorpora metodologías de carácter cualitativo, cuantitativo y documental, además de definir los contenidos, duración y estrategias de abordaje de manera individualizada de acuerdo a las necesidades y objetivos de cada una de las acciones, así como al grupo y organización al que va dirigido.

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•Incorporación de la perspectiva de género en prácticas empresariales y gubernamentales
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Racismo, Endorracismo y Resistencia

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Mi Nuevo libro “Racismo, endorracismo y Resistencia” Editorial El Perro y La Rana, Colección Alfredo Maneiro. Serie Identidades. Ya está disponible en las Librerías del Sur en toda Venezuela.

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Sinopsis:
Racismo, endorracismo y resistencia es un texto donde la autora Esther Pineda G refiere el conflicto étnico-racial desde otra perspectiva —incluye la participación de la mujer—. La violencia a la que han sido sometidos los afrodescendientes y la historia que siempre ha sido contada por los hombres eurodescendientes es expresada por Esther en un lenguaje claro y sencillo, realzando y vindicando la participación de la mujer en aspectos que han estigmatizado a los nativos del África —el autodesprecio instigado, la desalienación y la microresistencia—. Los conceptos tratados por la autora permiten al lector reflexionar sobre nuestra verdadera Independencia y visualizar el rol protagónico de los descendientes de africanos en América, situación que es privilegiada por la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

Consideraciones sobre un cuerpo fragmentado

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Esther Pineda G
Socióloga, Magister en Estudios de la Mujer
estherpinedag@gmail.com

“Una mujer que no se gusta a sí misma, no puede ser libre,
y el sistema se ha encargado de que las mujeres,
no lleguen a gustarse nunca”
(Beatriz Gimeno)

La belleza del siglo XXI puede definirse como una belleza mercantilizada, seriada, reproducible, uniforme, estandarizada, masificable y descartable, en consonancia con el proceso de racionalización, mercantilización, industrialización y tecnificación de la sociedad.

No obstante, en el proceso de establecimiento de estas nuevas dinámicas y relaciones, a las mujeres, principalmente, se les convirtió en consumidoras de belleza, creadoras, hacedoras, representantes de belleza; y donde a los hombres por el contrario, se les convirtió en receptores de belleza, espectadores, pese a que en las últimas décadas, a través de la industria de la belleza también han sido promovidos estereotipos de belleza masculinos.

En la actualidad, el proceso de definición y valoración de la belleza ya no es subjetivo, individual y particularizado como en el pasado, por el contrario, es intersubjetivo, es decir, debe responder a un criterio y valoración compartido por todos, e instaurado desde el exterior, fundamentalmente a través de los agentes socializadores, siendo de acuerdo a ello, que se han institucionalizado mecanismos de medición e instrumentalización de la belleza, fundamentalmente femenina, entre los cuales es posible considerar los concursos o certámenes de belleza, en los cuales fundamentalmente las mujeres son expuestas para la valoración, calificación y cuantificación de su cuerpo.

Evidenciamos un proceso de popularización de la belleza a través de medios audiovisuales, como el cine, la televisión, la radio, mediante medios impresos como revistas y la publicidad transmitida a través de ellos, así como, la difusión y transmisión de nociones sobre lo estético y lo no estético a través del ciberespacio.

Pero también presenciamos la representación del cuerpo femenino en figuras y juguetes dirigidos a las niñas y adolescentes, lo que contribuye a la representación de modelos de belleza ficticios e inalcanzables, creando las condiciones para la sobrevaloración y distorsión de la belleza, así como, un significativo impacto en la estructura socio-psicológica de las mujeres, lo cual se hace manifiesto en la consecuente búsqueda de la perfección corporal.

A razón de ello, es posible afirmar que, la nueva belleza se caracteriza por:

1. La subvaloración del cuerpo biológico, en correspondencia a la lógica de la modernidad, de control de la naturaleza. Desde esta perspectiva el cuerpo es concebido como partes, modificables, intercambiables e intervenibles, estableciendo así el culto al cuerpo como fenómeno social.

2. La belleza se concentra en la ausencia de defectos, las características neonatales y la eterna juventud son aspectos considerados altamente atractivos. El mercado de la belleza está dirigido a las jóvenes, y a promover la ilusión de la juventud en quienes ya no lo son, razón por la cual las mujeres adultas son desplazadas, obviadas en la publicidad y en la industria de la belleza.

3. La exacerbación y profundización del rechazo a la “fealdad”, la cual históricamente se ha definido como aquella propiedad de una persona o cosa que no es agradable a la vista, capaz de producir displacer, considerado poco estético, repulsivo, disonante, y que en la actualidad se constituyen como elementos para la construcción de estigmas.

4. La exclusión de toda belleza alternativa a la europea, lo diferente no es bello, lo cual se hace manifiesto mediante la exclusión o limitada presencia de diversidad racial, étnica y fenotípica en la industria de la moda y publicitaria.

5. La definición de un canon de belleza para las mujeres fundamentado en una figura escultural, esbelta, de alta estatura, delgadez extrema, piel tersa y bronceada, nariz pequeña, boca grande y labios gruesos, medidas publicitarias (90-60-90), senos grandes, firmes, vientre liso, cabello largo y de apariencia juvenil. En el caso de los hombres, el ideal de belleza masculino se establece una imagen atlética, estatura alta, mandíbula marcada, espalda ancha y piernas largas.

Este hecho fue posible constatarlo a través de la realización de una encuesta electrónica, a través del blog estherpinedag.wordpress.com, en la que pudieron participar de forma anónima 150 mujeres, de distintos países, ciudades, edades, características e intereses; y que nos permitió trascender la reflexión en términos teórico, así como, aproximarnos y dar cuenta de un fenómeno social de gran importancia en la actualidad.

Allí pudimos evidenciar que, de las 150 mujeres encuestadas, solo 17 afirmaron estar satisfechas con su cuerpo, 5 de ellas afirmó no gustarle nada de su cuerpo, y las 128 restantes perciben su cuerpo de forma desfragmentada, indicando solo algunos elementos o “partes” con las cuales se sienten cómodas.

De igual forma, de las 150 mujeres encuestadas, 30 de ellas afirmaron que no les gustaría cambiar nada de su cuerpo, las 120 mujeres restantes, mencionaron les gustaría cambiar de su cuerpo: Nariz, orejas, piernas, abdomen, piel, brazos, glúteos, senos, estatura, cabello, espalda, hombros, caderas, pies, rostro, cintura, vientre, labios, labios vaginales.

Además de ello, 12 de las mujeres participantes en el cuestionario reconocieron haberse realizado alguna modificación estética, entre ellas: mamoplastia, inyección de acido hialurónico en el rostro, rinoplastia, implantes de pantorrillas, lipoescultura; aduciendo como motivación para su realización, bullying, presión familiar, miedo al rechazo, complejo, necesidad de sentirse más cómoda con el cuerpo, así como, imitación de la publicidad.

De las doce mujeres encuestadas que se realizaron alguna modificación estética, solo 4 de ellas tuvieron consecuencias o reacciones adversas posteriores a su intervención, principalmente deformaciones, asimetrías, cicatrices, entre otras.

Por su parte, 138 de las mujeres encuestadas que no se han realizado procedimientos estéticos, 56 de ellas si estarían dispuestas a realizárselos, no obstante, pese a no conocer los riesgos asociados de las modificaciones estéticas, 27 de las mujeres encuestadas se someterían a una intervención quirúrgica de tipo cosmética estética sin información.

Estos hechos en su conjunto ponen de manifiesto la definición arbitraria de normas estéticas para la transformación del cuerpo, las mutilaciones y reemplazo del mismo, pero también evidencia la ausencia de cuestionamiento y resistencia de las personas al despotismo ideológico de la belleza instaurada.

Razonar y decidir en la sociedad patriarcal

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Esther Pineda G
estherpinedag@gmail.com

Aquello que nos diferencia de otras especies de seres vivientes, aquello que constituye nuestra condición humana es la capacidad de razonar, <>, como condición que permite la comprensión del mundo externo, de la realidad experimentada, de la situación propia en un determinado tiempo-espacio, con lo cual se hace posible la consolidación de individuos autárquicos por medio de la capacidad de acción y decisión.

Sin embargo, históricamente a las mujeres les ha sido negada la posibilidad de hacer ese “uso público de la razón propia” promovido por Immanuel Kant (1784) y de la libertad de acción y decisión a esta asociada; una muestra de ello serán los aún persistentes condicionamientos, restricciones y sanciones impuestas al cuerpo de las mujeres, manifiesta fundamentalmente en el ejercicio de su sexualidad y las decisiones en torno a su reproducción.

A lo largo del proceso histórico social, la razón y la toma de decisiones se han definido como hechos propios de la masculinidad, y por descarte necesario, en una sociedad organizada a partir de criterios de antagonía y diferenciación, la irracionalidad, el prejuicio, la subjetividad y el dogmatismo se han erigido como “ser” y “deber ser” de la feminidad, siempre interceptada por el misticismo y la superstición.

La razón, la desconfianza en el mito, el pensamiento, la capacidad de discernimiento, indagación, abstracción, percepción, objetividad y escepticismo ha sido arbitrariamente atribuida a los hombres, definidos como hacedores de cultura, ideas, palabras y conceptos, escaladores hermenéuticos, viajeros en la abstracción, pero además, decisores por excelencia de los grandes fenómenos que constituyen e influyen en la vida de todo el colectivo social; y donde, por oposición el escenario adjudicado a las mujeres será la fe, la renuncia al pensamiento, la creencia y aceptación sin cuestionamiento de las decisiones por esos hombres tomadas, -incluso aquellas que conciernen a su vida y su cuerpo-, hecho por el cual, de acuerdo al pensamiento patriarcal, el lugar de las mujeres, en definitiva, ha de ser la intrascendencia.

No obstante, esta proclamada incapacidad de la mujer para percibir la realidad exterior, de comprensión de los fenómenos, de realización de todo objeto de conciencia: pensar, dudar, querer, imaginar (Descartes, 1642), y por tanto, decidir, será legitimada por la negación socio-cultural del uso público de la razón en la mujer, mediante la puesta en práctica de un poder coactivo sobre su derecho a decidir, pues, el pensamiento y la acción de las mujeres, se concibe como una agresión a la masculinidad hegemónica, como un intento de acceder al conocimiento y escenarios de acción y decisión, proveedores de status y privilegios arbitrariamente monopolizado por el patriarcado.

Este poder coactivo, condenador de la mujer al <> y a la <>, se ejercerá a través de los distintos agentes socializadores, pero principalmente a través de la religión y su educación acusmática, oyente, represiva, castradora, superficial, en donde el “mathesis”, aprender, se organiza en torno al silencio, a la comprensión sin pensamiento, profundización o problematización, como hechos precedentes a la toma de decisión.

De esta forma, y siguiendo el adagio cartesiano “pienso, luego existo”, el <> y por tanto la <> será una afirmación de inexistencia. Por ello, desde la perspectiva patriarcal, la mujer no existe, en cuanto no piensa y no decide sobre su vida, su cuerpo y su reproducción; por tanto, su existencia es un otorgamiento externo de quien piensa y decide por ella.